viernes, 30 de enero de 2015

Capitulo XVII: Magnifico valor



D'artagnan se había quedado en la habitación a solas con Luisa de la Valliere hasta ver que por fin la joven se había entregado a los brazos de Morfeo.
Ella dormía tan profundamente que al mosquetero no le costó salir de la habitación sin hacer ruido, aquello había sido fácil pensó D'artagnan hasta que al juntar las hojas de la puerta, sintió la punta de la boca de una pistola presionaba contra su espalda. El gascón respiro profundamente mientras cerraba los ojos.

- ¿Qué quieres? – preguntó el hombre en tono cansado.

- Nada capitán, no es su culpa sigo ordenes – le contesto un voz gruesa detrás de él.

El mosquetero se giró lentamente para encontrarse cara a cara con el ladrón que le había robado a Ana de Austria en el bosque.

- ¿Quién te dejo entrar? – la ceja del mosquetero se alzó mirando a sus alrededores.

- Pensé que a estas alturas lo había adivinado D'artagnan, tenía entendido que usted era muy rápido. – el hombre se separó un poco del mosquetero sin dejarlo de apuntar con la pistola - no debió haberme dejado con vida.

- No ...- al gascón le paso algo por la mente - si es quien yo creo que es, es mejor que bajes la pistola y prometo que te dejare ir, lo hice una vez y te puedo perdonar la vida de nuevo
- Capitán, lo siento pero no tiene derecho a perdonarme la vida si es a usted a quien le están apuntando con un arma. – el ladrón hizo una pausa para mojarse los labios - pero le puedo ofrecer algo, será una muerta rápida sí usted deja la espada a un costado y no se resiste.

Al mosquetero no le quedó otra que acceder a la petición del hombre y se quitó la espada con mucho cuidado. No podía creer que no hubiese ningún mosquetero dando vueltas por ahí, desde la ventana podía ver a un par de centinelas pero estaban lejos para escucharlo menos para ver la escena desde lejos.

- ¿Y bien? ¿Tendré que esperar mucho para que me des el tiro de gracia? – preguntó el gascón un tanto cabreado. Su mente buscaba una salida, quizás si llamaba la atención podría lograr algo.

- Es valeroso que quiera morir tan pronto

- Me temo que Madame no ha pensado en todo – el mosquetero se sonrió de costado triunfante como buen gascón - Me vas a disparar, quizás tienes la suerte de darme de tal manera que me mates con un solo tiró, eso sería el mejor plan para ti - D'artagnan alzo sus manos para colocarlas detrás de su cabeza - pero apenas mis mosqueteros escuchen el tiro tendrás a veinte hombres arriba tuyo ¿Lo has pensando?¿Vale la pena matarme?

- Eso no me importa señor – el pulso le temblaba al bandido pero eso no le impedía seguir con la pistola apuntando a su presa - Usted mato a mi hermano. Madame solo nos dijo que teníamos que asustar aquel carruaje y perdí a mi hermano, usted lo mato - el bandido se acercó más a al mosquetero, la boca de la pistola daba justo al pecho del mosquetero.

- Muy bien puedes tomar mi vida como yo he tomado la de tu hermano es lo más justo pero escúchame una cosa...- D'artagnan miró los ojos de aquel hombre y pudo ver el dolor, estaba claro que estaba allí mas por venganza que por seguir ordenes - Madame ¿te ha dicho algo del plan? ¿Te lo ha contado todo?

- ¿Y eso acaso importa?

- No, pero ya que me voy a morir no tienes por qué tener miedo de que yo pueda decir algo. Puedes contestarme un par de preguntas. Dime una cosa ¿Haz asaltado el carruaje de la reina madre solo por qué te lo pidió ella? - el mosquetero dio un paso bien seguro hacia su verdugo, no tenía miedo de morir o salir herido, ahora solo le preocupaba salvar a su hijo. - ¿O te ha contado algún tipo de historia inventada por ella? No se puede confiar en ella.

El hombre dudo en contar la verdad pero el tiro era tan seguro que no podía fallar, solo un tonto podría errarle a un blanco tan fácil.

- Madame de Chevreuse nos dijo que quien iba en el carruaje era la reina madre y que ella junto a sus amigos iban a traicionar a nuestro país ¿Cómo se puede confiar en una española? Ella iba poner a un hijo bastardo en el trono, en el trono de Francia. Con mi hermano estábamos seguros de que esto iba ayudar a Francia pero apareciste tú de la nada y lo mataste, eso no estaba en los planes ¡Eso no estaba en los planes! ¡Tú no tenías que aparecer! - el hombre no lo pensó sino que impulsado por la rabia disparo a sangre fría hiriendo al mosquetero en el hombro izquierdo - si tú estas del lado de los traidores deberás morir como todos ellos

El mosquetero se mordió el labio para no gritar, la bala había entrado y salido, aunque el dolor era muy grande no dejo de estar erguido frente al hombre que le había disparado. D'artagnan llevó su mano derecha hacia la herida para intentar parar la hemorragia. Debía aguantar, el tiro seguramente había llamado la atención de alguien, un mosquetero o cualquier otra persona.
-"Ojala la música no esté muy fuerte" – pensó para sus adentros el mosquetero, si alguien no venía por él pronto iba a tener que pensar en algo hasta que Andre se diera cuenta que se estaba tardando mucho en volver a la fiesta. - Ha sido muy inteligente en contarte tal historia madame porque...- el gascón jadió al sentir el dolor que le causaba la herida, sentía que las piernas no le estaban respondiendo del todo. Quizás la bala había dado en algún punto importante. Era tarde para tomar su espada, su verdugo ya había sacado otra pistola y estaba listo para disparar. El mosquetero se peinó el bigote sonriendo - todo aquello es mentira, nadie morirá como traidor salvo tú y lo lamento.

- Yo no moriré esta noche – habló el hombre con mucha seguridad.

- ¡Oh! Que convencido suenas, ojala yo pudiera decir lo mismo está noche - el mosquetero resoplo sintiendo un vaido - Bueno si no quieres morir como traidor yo podría hablar con el rey, él me escucha y puede perdonar tu vida.

- ¿El bastardo? – se rio el hombre - ¿Que hará él cuando todos se den cuenta que no es el rey Luis?

- Luis no ha sido remplazado, ahora está en el salón de baile, me temo que madame de Chevreuse te ha inventado una hermosa historia para vengarse de su hijo muerto. - el mosquetero volvió a sonreír al ver la cara del hombre - estas metido en una historia de venganza , y siento haber matado a tu hermano, yo no sabía el plan y solo vi que atacabas a la reina madre. Me deber como mosquetero es cuidar de la familia real...-el gascón hizo una pequeña pausa en la que intento tomar aire. - Te deje ir ¿recuerdas?

- Pero no tuviste piedad con mi hermano y ahora yo no la tendré contigo, te mataré de la misma manera que tú lo hiciste con él - tanto el hombre como el capitán del rey escucharon pasos que venían por el pasillo. El ladrón sentía como la sangre le hervía nadie lo detendría, parte del plan o no, él se vengaría de aquel hombre esa misma noche - Si muero vendrás conmigo al infierno

El gascón cerro los ojos pensando que era su final, escuchó el disparo que prácticamente lo había dejado sordo por la cercanía, sus rodillas flaquearon haciéndolo caer al piso pero su cuerpo no sentía nada nuevo, simplemente lo último que había sentido era como su brazo había chocado contra la pared frenando parte de su caída.
El mosquetero pensó por un momento que así sentía cuando se llegaba al final de la vida. ¡Que estúpido era morirse así! Se maldecía mentalmente por haber obtenido aquella muerte tan tonta, pero estaba seguro que Andre mataría al hombre sin siquiera preguntar el porqué de aquel acto.

- ¿D'artagnan? - sintió una mano tibia sobre su mejilla y la voz de Ana de Austria sonó desde la tierra para traerlo de nuevo en sí.

- Oh Ana - el mosquetero abrió sus ojos para encontrarse con los ojos azules de la reina madre y luego miro hacia adelante, el hombre yacía inconsciente sobre la alfombra cubierto de trozos de algún jarrón blanco. A pesar de su asombro se sentía muy agradecido de su suerte - eres un ángel

- Y tú pensabas en dejarme sola - Ana de Austria lo miró con severidad pero en su tono de voz se podía apreciar que era un regañado cargado de amor.

- En algún momento me...-la boca del mosquetero fue callada por un beso tierno que fue correspondió con el mayor de los placeres.

D'artagnan alzó su mano para tocar la mejilla de su amada mientras disfrutaba del contacto de aquellos anhelados labios.

- Coff Coff Coff - se escuchó una tos bastante fuerte en el corredor que hizo que los amantes se separarán rápidamente para verle la cara al lugarteniente Andre, quien parecía totalmente avergonzado por interrumpir aquella escena - Lo siento majestad y capitán pero...- los ojos del joven mosquetero quedaron fijos primero en la herida de su capitán y luego en el hombre que yacía en el piso no muy lejos de la pareja - ¿Que...? Voy a llamar a un doctor – se apuró en decir el joven quien estaba a punto de echarse a correr en busca de ayuda.

- No - negó con la cabeza el gascón - aun puedo esperar. – se hizo un silencio incomodo pero el hombre con más edad volvió a tomar la palabra - Andre puedo explicarte

El muchacho negó con la cabeza mientras se acercaba a ellos para ayudar a que D'artagnan se pudiera poner en pie. El lugarteniente hizo un pequeño gesto a su majestad y luego miró a su mentor.

- Yo...ya los he visto - Andre sonrió de costado con una sonrisa inocente - en la capilla la otra noche, no diré nada - agregó con total simplicidad y volvió a ponerse serio, parecía un calco de su capitán. Hasta el más mínimo detalle había copiado de él - He venido porque se tardaba mucho en volver, cuando estaba saliendo del salón para buscarlo he visto un hombre muy parecido al Conde de La Fere corriendo a una mujer ...

- Me temo que madame de Chevreuse ha sido quien ha puesto en riesgo todo - D'artagnan miró a Ana de Austria a los ojos con bastante preocupación mientras apretaba su herida - ella quería lastimar a Luis , nos quiere a todos muertos para vengar a Raúl

- Pero ella ...- la cara de reina madre se encontraba un poco pálida. Aquella traición era muy grande para su corazón.

- Madame le ordeno a este hombre y a su hermano que te atacaran en el bosque. Estaba todo planeado.- D'artagnan suspiró pesadamente - me temo que Chevreuse solo ha utilizado a obispo en todo esto y si no encontramos al señor Conde...-el hombre soltó un leve jadeo de dolor - será muy tarde para cualquiera de los dos
El lugarteniente se encontraba allí sin entender nada de la conversación, había entendido que el hombre que estaba en el piso inocente había sido el atacante de a la reina por orden de una antigua dama de compañía y que parecía además verse involucrada emocionalmente con el fallecido hijo del amigo de D'artagnan.

- ¿Capitán?

- Lleva a este hombre a la prisión, luego veremos que decide su majestad sobre su futuro - ordenó D'artagnan separándose de su joven ayudante para comenzar a caminar hacia las escaleras que daban hacia el ala más alta del palacio - pon en alerta a los mosqueteros y diles que busquen a Madame de Chevreuse nadie puede salir del palacio

- Pero capitán ¿Y su herida? – dijo el muchacho preocupado por el oficial al mando.

- Luego Andre, vamos apúrate que no hay tiempo que perder...- D'artagnan empujo al hombre para que este se pusiera en marcha.

- Si señor - el lugarteniente tomo el cuerpo del hombre y con fuerza lo agarro hasta llevárselo a la escalera. Era muy pesado para él así que decidió por gritarle a dos mosqueteros que pasaban por allí para que se encargaran del ladrón mientras él se echaba a correr escaleras abajo y poner a todo el mundo en alerta.
D'artagnan junto a la reina corrían en dirección contraria para buscar al Conde y madame por lo alto del edificio.

En otro sector del palacio de Vaux, el señor de La Fere había encontrado a María Michot sin saber que otros también la estaban buscando.

- Si querías a Raúl ¿Por qué haces todo esto? ¿Te parece bien lo que has querido hacer esta noche? – De La Fere miró a la mujer intentando acotarle el paso.

- No sé quién crees que eres tu Athos para juzgar mis acciones. Tú mismo has ido al palacio del rey para matarlo con tus propias manos.

- Eso es muy diferente, yo iba por él no por todos, estas involucrando gente inocente ¿Cómo puedes hacerle esto a la reina? Ella confiaba en ti - se quejó el Conde mientras se acercaba a madame y poder tomarla de la muñeca

- ¿A caso tu no traicionaste a D'artagnan? ¿Él no te traiciono a ti eligiendo a su hijo? La amistad tiene un límite – la mujer se echó para atrás.

- Mujer por favor, no hagas esas comparaciones...

Se hizo un silencio entre los dos y el Conde al ver que no podía agarrarla tan fácilmente decidió por cerrar la puerta de la habitación. No iba a dejar que aquella mujer lastimara a sus amigos o a un inocente como lo era Phillippe en todo aquel lio.

- Lo siento María pero no puedo dejar que salgas de esta habitación, sé lo que harás y no voy a dejar que lastimes al chico, él no tiene la culpa, no es su hermano - Athos comenzó a caminar nuevamente hacia la mujer.

- No puedes querer a alguien que está unido a quien mato nuestro hijo - los ojos de madame comenzaron a llenarse de lágrimas

- Lo quiero porque se ha hecho querer, he visto su corazón y con Raúl hubiesen sido muy buenos amigos tal como yo lo soy con D'artagnan - el conde sin pensarlo rodeo el cuerpo de madame para abrazarla pero aquel momento cuando parecía que lo iba a lograr, que iba a entrar en razón con Chevreuse, la mujer saco una daga con destino a la espalda del conde.- ¡Estás loca! – gritó Athos tomando la muñeca de su agresora para hacer que soltara el arma.

- No, voy a lograr mi cometido y es que todos paguen, y tú también estas con ellos. Eres un traidor como ellos

A las afueras de la habitación D'artagnan había logrado llegar arriba de todo gracias a la reina madre, ambos se miraron al escuchar los gritos provenientes del pasillo del ala este.

El mosquetero caminó sigilosamente hallando sin dudar la habitación en la que se encontraba su mejor amigo. Intento abrir la puerta pero estaba trabada

- Abran la puerta - grito el mosquetero con fuerza - ¡Athos!

Nadie le respondió, de un momento para otro se habían dejado de escuchar los gritos.
El mosquetero sintió un vuelco vertiginoso en el corazón y de donde no sabía le había salido la fuerza para abrir la puerta con el hombro.

Ana de Austria se adelantó al mosquetero, sus ojos claros no vieron nada. La habitación estaba dada vuelta, no había nadie solo copas rotas, sangre en el piso y la ventana abierta.

El gascón caminó con paso lento hasta colocarse al lado de la reina. Ana de Austria tomó la mano de su amante y alzo su vista para observarlo.
Las facciones del hombre iban cambiando, su seriedad y preocupación habían dado paso a la desesperación.

- No - negó con la cabeza y se soltó de la mano de la reina - voy a ir a buscarlo – anuncio quitándose la chaqueta del uniforme.

- Claro que no – la reina volvió a poner sus manos sobre las de su amante para detenerlo. Estaban a una altura considerable. No iba a dejar que aquel hombre siguiera los pasos de su amigo. - ¿A caso te has vuelto loco? te vas a matar D'artagnan, estas herido y haz perdido mucha sangre, no saltaras por ahí.

- Pero... – el hombre tenso la mandíbula, el corazón le apretaba. Le dolía

Ana de Austria no dudo y alejo al mosquetero de la ventana para sentarlo en la cama. Estaba más pálido y la herida había vuelto a sangrar.

- Estoy segura que el conde está bien - pasó su mano por la frente del hombre y sintió que estaba hirviendo en fiebre, D'artagnan así no podía siquiera dar un paso más - voy a llamar al médico, lo necesitas ahora.

- No hasta que sepa de Athos – el gascón tomo la mano de la reina para detener el pedido de ayuda. Aquel hombre no iba a dejar a su mejor amigo solo.

- Tranquilo amor mío, mandare a los mosqueteros a que los busquen. – la reina volvió a tocar el rostro del hombre para separarse de él.

Ana de Austria salió de la habitación para encontrarse a los pocos pasos con diez mosqueteros que venían para ayudar, sin esperar a que ninguno de ellos hablara comenzó a dar órdenes. Mando por el médico e informo sobre lo sucedido con el conde y madame.
D'artagnan no aguanto mucho mas se desplomándose en la cama mientras a lo lejos escuchaba como ella cumplía con su palabra. Iban a buscar a Athos.

Mientras tanto a las afueras del palacio de Vaux, Phillippe estaba con el lugarteniente Andre y unos cuantos mosqueteros buscando a madame de Chevreuse cuando los ojos del joven monarca vieron como dos figuras caían desde el piso más alto del palacio hasta el agua de la fosa del chateu.

- Andre - Phillippe no pudo evitar golpear el hombro del mosquetero - se han caído dos personas al agua, ve a ver quiénes son.
El soldado miró al rey un poco asombrado por aquel contacto pero luego de lo que había visto aquella noche no iba hacer preguntas, no por ahora, no por hoy.

- Si - afirmó con la cabeza y miró a dos mosqueteros que estaban cerca de la salida que daba hacia el jardín - vean quienes han caído al agua, el rey quiere saber quiénes son.

Los hombres al escuchar la voz de lugarteniente corrieron rápidamente a la baranda de piedra y para distinguir que de los dos cuerpos que habían caído solo una nadaba hacia la orilla ocupándose de salvar a la otra.

- Es un hombre y una mujer teniente - gritó uno de los mosqueteros e hizo una pausa - parece que uno de ellos está con vida
- Dejen de mirar y vayan por ellos – ordeno Andre caminando hacia ellos.

Ambos mosqueteros se miraron, no era clima ideal para tirarse al agua tampoco tenía color del mar mediterráneo.
El más valiente de los dos comenzó por quitarse la espada, la capa. Con mucho cuidado se paró en la baranda y se lanzó al agua mientras que el rey también se acercaba para ver quiénes eran los que estaban en las aguas.

- Es el señor Conde y madame - murmuró por lo bajo Phillippe.

- Hey tú - gritó Andre viendo un poco mejor, parecía que una de las personas en el agua iba dejando un rastro oscuro tras de si - ve rápido por un médico, tenemos heridos - el lugarteniente luego de dar la orden se fue hacia el costado del pozo para poder ayudar con una cuerda y ver si podía hacer algo más por sus hombres mientras que el otro mosquetero hizo un pequeño movimiento con la cabeza comenzó a correr hacia el interior del palacio cuando en su camino por poco se choca con su majestad la reina madre

- Su majestad - Ana de Austria llego con paso bien apurado al lado de su hijo y Phillippe no pudo evitar ver que su madre se veía bastante acalorada.

-¿Madre estas bien? – preguntó el joven príncipe preocupado.

- Si - respondió secamente ella tomando un poco de aire - ¿Han encontrado a Madame de Chevreuse y al señor Conde de La Fere?

- Están en el agua - Phillippe no pudo evitar mirar hacia donde se encontraban los mosqueteros rescatando al par del agua - al parecer uno de los dos están heridos - la voz del muchacho intentaba imitar el temple de su hermano pero él no podía ser ajeno a la situación. No se trataba si lo habían querido asesinar a él, sino que temía por la vida de su mentor - El medico debería llegar cuando logren sacarlos de allí

Se hizo una pequeña pausa en las que el monarca cerro los puños con fuerza.

- ¿Cómo puedo quedarme aquí madre viendo como lo sacan del agua y no ayudar? Sé que soy el rey, pero también sé que soy completamente inútil - Phillippe suspiro - no podré evitar esto durante el resto de mi vida, no puedo estar ajeno a todo lo que me rodean menos si están en peligro

- Con el tiempo aprenderás a controlar tus sentimientos y otras veces no, pero sé que serás un buen rey hijo mío - Ana de Austria tomo la mano del rey y la apretó

Un mosquetero bajaba las escaleras rápidamente seguido por un hombre de pelo cano, el cual llevaba un bolso de cuero. Ambos hombres corrieron hacia el lugar del incidente. Los mosqueteros habían sacado del agua a la dama, quien parecía que era la herida mientras que el hombre aguardaba por la soga para treparse.

- M. De la Fere parece ser que está bien - Ana de Austria se sonrió - cuando madame de Chevreuse despierte tendremos que pensar que haremos con ella, D'artagnan y el Conde se han dado cuenta que el plan ha corrido peligro por ella

- ¿Por lo que ha pasado con Luisa de la Valliere en el Baile? - Phillippe miró a su madre y en ese momento se dio cuenta que el capitán no estaba allí - ¿Dónde está mi... D'artagnan?

- No te preocupes hijo, han pasado muchas cosas provocadas por Chevreuse pero él está bien - apretó ligeramente la mano de su hijo - ahora ve a ver cómo está el señor Conde, D'artagnan querrá saber que ha pasado con su amigo luego de que despierte.

- Si madre - Phillippe se acercó a su madre para dejar un beso en la mejilla antes de irse hacia donde los mosqueteros ya estaban sacando al señor Conde del agua

El rey caminó con paso lento manteniendo un poco la distancia, aunque no quería tenía que mantener la distancia. Imitó los movimientos que haría su hermano colocando sus manos por detrás de su espalda y a pocos metros de distancia de donde estaba toda la gente se paró.

- Señor de La Fere por su acto de valentía queda perdonado por los incidentes pasados, usted es mi amigo ahora.

La gente comenzó a hablar quedando sorprendida por las palabras que había pronunciado el joven monarca

- Espero que se encuentre bien - miró hacia donde estaba aún la mujer desmayada - llévenla a una de las habitaciones y que la custodien porque no creo que corra con la misma suerte. - Phillippe respiro profundamente - ahora si me permiten estoy cansado, me retirare - sin decir nada más el muchacho comenzó a caminar el palacio en soledad en donde lo estaba esperando su madre para acompañarlo.