lunes, 26 de enero de 2015

Capitulo XVI: El juicio


Luis había hecho que sus ayudas de cámaras se retiraran apenas hubiesen terminado con él. Necesitaba tiempo para recuperarse de la discusión que había tenido horas antes con su madre.
El joven monarca se paró enfrente de una de las ventanas para ver la llegada de los invitados.
Hoy era una noche especial, parecía que M. Fouquet había gastado una fortuna en aquella fiesta. Él necesitaba una fiesta así de grandioso y por sobre todo necesitaba una nueva distracción ya que Luisa de la Valliere se estaba convirtiendo en un dolor de cabeza para ser una simple amante de turno.
¿Qué había ocurrido con sus mujeres en las últimas horas? Parecía que el aire de Vaux había revolucionado a las mujeres que lo rodeaban. 

Pero ahora que estaba allí parado mirando por la ventana buscaba a su próxima conquista, alguna joven hermosa con quien pudiera pasara la noche. Sus ojos iban de joven en joven como las abajes vuelan de flor en flor hasta que una figura llamo su atención. Luis tomo con fuerza la cortina sintiendo vértigo, apretó los ojos con fuerza, se iba a desmayar de un momento para otro, no podía ser lo que estaba viendo. 

- D'...- el monarca titubeo en llamar al mosquetero

Volvió abrir los ojos para encontrar que la máscara, que aquel hombre que llevaba la máscara había desaparecido por arte de magia. Su mente le estaba jugando una mala pasada. Esa tonta conversación con la reina madre lo había alterado mucho más de lo que el rey hubiese deseado.

Luis camino hacia la cama para sentarse en ella. Paso su mano derecha por sus largos cabellos dorados para dejarse caer de espaldas mientras cerraba los ojos.
El mundo le había comenzado a dar vueltas. Quizás haber venido a Vaux no había sido la mejor de sus ideas.

Los pasos se sintieron no muy lejos de él y pensó que venían de nuevo sus ayudas de cámaras para darle la máscara que debía usar aquella noche pero no, sintió que una puerta se abría y no era la principal. 

Abrió los ojos rápidamente para encontrarse con la figura de su hermano Phillippe delante de él.
- ¡No...!- exclamó el en tono de grito - tú estás muerto

- Me temo hermano que Dios ha perdonado mis pecados y espero que perdone los tuyos. Lo siento – le contestó el príncipe en un tono que denotaba compasión 

- Dios no te ha perdonado nada - Luis se paró de la cama para quedar enfrente de su hermano y negó con la cabeza - yo no te he perdonado nada, ahora mismo volverás a la máscara - el monarca se alejó de Phillippe para acercarse a la puerta principal y así llamar a los mosqueteros pero antes de que pudiera tomar el pomo de la puerta cayo inconsciente sobre la alfombra.

Los hombres en la sala miraron al caballero Du-Vallon y este solo se encogió de hombros a modo de disculpas. A veces no media la fuerza pero de todas maneras Luis se merecía que alguien lo golpeara y después de todo no se arrepentía de pegarle.

- Se me fue la mano – intento disculparse Porthos aunque su voz no era en tono sincero.

- Ten cuidado - lo regañó el obispo de Vannes mientras con la ayuda del Conde de La Fere acostaban al muchacho en la cama para comenzar a quitarle la ropa y así poder cambiar lugares con Phillippe.

D'artagnan estaba en el corredor frente a uno de los relojes de péndulo. Estaba avisado que sus amigos se encontraban allí, su corazón latía con mucha fuerza, todo aquello lo ponía nervioso. Temía por la salud de sus hijos y por la de todos. No quería que nada saliera mal, sin tan solo hubiese sabido de Phillippe cuando nació, se hubiese llevado al niño a otro país y lo hubiese criado lejos de todo. Sí, eso hubiese hecho y ahora nada de eso estaría pasando. La vida de nadie estaría en peligro, ni tampoco Francia estaría envuelta en tal escándalo. Todo esto agotaba a su corazón.

- Capitán - la voz de Andre se escuchó por el corredor y el mosquetero se giró para ver a su lugarteniente

- ¿Si? – el mosquetero dejo escapar un suspiro de los labios y luego sonrió de costado como solía hacer.

- Ya han llegado los invitados a la fiesta y están en el salón. Todo está listo.- informo Andre bastante impaciente 

- Este bien, le avisare a su majestad. François ya lo ha cambiado de ropa por lo que creo que está haciendo tiempo como siempre - el gascón movió la cabeza de lado a lado y el joven mosquetero sonrió tal como lo hacía su capitán, todo el mundo sabía que al rey Luis le gustaba hacer esperar a sus invitados para poder ser así el centro máximo de la atención - Ve al salón estaré en unos minutos con su majestad

- Si capitán - Andre hizo una pequeña reverencia con la cabeza antes de irse rápidamente hacia la sala en donde se celebraba el baile.

El gascón se quedó solo de nuevo y miró el reloj, ya debía de estar listo Phillippe, habían pasado más de diez minutos desde que sus amigos estaban en la habitación por lo que procedió por ir hacia los aposentos reales.

Miró a los escoltas que habían a las afuera de la puerta del rey y los saludos con la cabeza.
-¿Su majestad ya ha salido? – pregunto D'artagnan aunque sabía de ante mano la respuesta.

- No, aun no

- ¿Está con alguien? – hizo otra pregunta el gascón para disipar cualquier tipo de duda o sospecha.

- No capitán, hace más de media hora que M. François y M. Bastian han salido de la habitación. Su majestad pidió estar solo – informo uno de los escolta.

- ¡Oh! - el mosquetero se mordió el bigote y respiro profundamente - me temo que deberé molestarlo, la gente lo está esperando. Si pueden abrirme la puerta se los agradecería.

Los hombres abrieron la puerta para que el mosquetero entrara a la ante sala, y luego de que ellos la volvieran a cerrar el gascón se apresuró abrir la puerta en donde encontró a Phillippe mirando por la ventana. 

D'artagnan se quedó observando a su hijo, era exactamente igual a su hermano Luis, el mismo porte, el mismo color de pelo, el mismo perfil, la ropa le acomodaba igual. Nadie podría sospechar sobre el cambio salvo por una cosa Phillippe estaba nervioso y lo hacía ver por el movimiento de la su pierna derecha.

- Tranquilo - el hombre se acercó al muchacho evadiendo cualquier tipo de protocolo y poso sus manos sobre los hombros de su hijo - Voy a estar allí, tu madre y el señor Conde también estarán en el salón, no te dejaremos solo Phillippe. Tranquilo hijo - susurro y el joven monarca miró a su padre a los ojos quedándose los dos en un silencio largo en el que el muchacho no pudo hacer otra cosa que abrazar al mosquetero - Majestad tenemos que irnos - D'artagnan paso su mano por la mejilla de Phillippe antes de acomodarle el traje

- Si - contesto mientras movía los hombros para atrás para sacar pecho - todo irá bien

- Cualquier cosa que te moleste o que no te sientas seguro solo di que continúen. Nadie le hace preguntas al rey, salvo yo y créeme que esta noche no molestara a su majestad – el mosquetero le guiño el ojo.

Phillippe se sonrió tímidamente y apretó sus manos aún estaba nervioso

- Athos me ha dicho que solo actué como él.

- Exacto - D'artagnan tomo la hoja de la puerta poder abrirla - solo serán unos días y podrás empezar a ser tu

Phillippe no dijo nada solo asintió con la cabeza antes de volver a tomar la postura que había practicado con el Conde. D'artagnan quedo impresionado en como el muchacho al imitar a su hermano de un momento al otro había captado la esencia de Luis. Confiaba en su hijo, aquella noche nada podía salir mal.

Los hombres abrieron la puerta al escuchar la petición del mosquetero y así fue como Phillippe con el porte de un rey salió de la recamara real luciendo como un auténtico monarca. Había nacido para ser el rey de Francia. El traje dorado con tonos rojos le quedaba a la perfección, la capa roja que le colgaba en la espalda en conjunto a la corona de laureles doradas le hacían ver como el más grandioso emperador romano.

Tal como le había dicho D'artagnan a Andre, diez minutos después del que el mosquetero había enviado a su ayudante a la sala, el rey hacia su entrada a la sala principal en donde se celebraba el baile. 

La gente al verlo se quedó estática en su lugar, las voces se callaron, los músicos dejaron de tocar. Todas las miradas estaban puestas en el joven rey.

Phillippe sentía que el corazón se le iba a escapar del pecho y que iba a tener que salir corriendo a buscarlo. No estaba preparado para ver a tanta gente junta y que además se lo quedara viendo. Hacia tan solo un par de días que había sido liberado de aquella máscara de hierro y ahora tenía que usar la de su hermano. Las piernas le tiritaban pero la presencia del mosquetero a pasos detrás de él lo hacían sentir un poco más seguro. El conde de la Fere también estaría entre la gente usando una de las mascara que se usaban en aquellos bailes que tanto le gustaban a Luis. Si algo salía mal ellos lo iban ayudar. Todos le habían dicho eso, todos lo estarían cuidando. No tenía por qué sentir miedo.
El joven rey comenzó a caminar por el sendero que había abierto la gente para dejarlo pasar hasta el trono.

Phillippe tomo su lugar en el trono de Francia, detrás de él estaba su joven prometida María Teresa, sobrina de su madre por ende su prima española. Pronto su hermano se iba a casar con ella, entre todas las cosas que más temía de aquella noche era como tratar a dicha joven. En una prisión no enseñaban como tratar a las mujeres y en su educación en la casa de campo las muchachas tampoco habían sido temas de enseñanza.

El baile se celebraba, jóvenes y no tan jóvenes parejas estaban bailando llevando mascaras que cubrían la totalidad de su rostro. Las jóvenes lucen sus mejores joyas y escotes mientras que los hombres se dejan llevar por la música.

D'artagnan tomó el lugar de siempre al lado de Andre mirando fijamente a su hijo a la distancia. 

Desde hacía mucho tiempo que el mosquetero no celebraba o disfrutaba de una fiesta sino que se centraba solamente en cuidar a su hijo. 

Una joven se acercó a los hombres, el lugarteniente mucho más atento que el propio gascón miró a la muchacha y le sonrió muy galantemente. Seguramente si D'artagnan no tuviese la cabeza en el plan algún tipo de broma le hubiese hecho a Andre o hubiese dicho algún piropo a la joven.

- Capitán ¿Le gustaría bailar?

- ...- el mosquetero solo gira la cabeza y negó con ella sin dejar de ser descortés le dedicó una sonrisa galante - Lo siento, me temo que no puedo bailar en estos momentos. El rey no me lo permitiría pero te puedo prestar a mi segundo al mando. Quien es mucho mejor que yo - miró como el muchacho que tenía a su lado levemente se ponía levemente nervioso – Es más, estoy seguro que baila mucho mejor que yo madeimoselle y es más joven, seguramente pasaran una lindo momento juntos.

- ...- Andre quería decir algo pero la doncella de María Teresa ya lo tenía agarrado del brazo arrastrándolo hacia la pista.

- Disfruten y luego me comentan que tal bailarines sois cada uno - D'artagnan solo se sonrió ampliamente viendo como el pobre Andre era llevado hacia la pista casi en contra de su voluntad.
Phillippe se encontraba sentando en el trono mirando a la gente bailar, todo le llamaba la atención Los colores, las joyas, el decorado en dorado de aquel palacio que por sí solo le llamaba mucho la atención. Todo era tan nuevo para él, pero lo disfrutaba a pesar de su nerviosismo, aquello lo tenía totalmente cautivo.

- Majestad ¿Está disfrutando de la fiesta? - un hombre se acercó a él y el joven rey se dio cuenta quien era

- M. Fouquet la estoy disfrutando – contesto Phillippe intentado no demostrar demasiado su entusiasmo o nerviosismo.

- ¿Y la comida? Mi cocinero Vatel ha preparado la mejor comida de toda Europa solo para usted majestad.

- Aun no he tenido la oportunidad de probarla M. Fouquet pero estoy seguro que cuando lo haga me gustara - Phillippe había rechazado todo tipo de comido que le habían llevado, tenía miedo de tirar algo así que su apetito había disminuido. No entendía como Luis podía apenas tocar las cosas y que no se le cayeran al suelo.

Colbert escuchaba a pocos pasos de distancia la conversación entre el rey y el superintendente. Le llamaba la atención, el rey ni siquiera había tomado vino y eso era mucho para decir, pero corría un rumor dentro de la fiesta para la falta de apetito de su majestad, y era que se decía entre los cortesanos que el rey y la reina madre habían peleado en la tarde por lo que quizás el monarca no estaba de ánimo.

- Sire

- Colbert ¿Qué ocurre? - preguntó Phillippe arrugando sus cejas imitando el desdén que podría hacer su hermano al sentirse incómodo.

- ¡Oh! Nada majestad, solo que he escuchado que la gente se pregunta porque aún no ha bailado con su prometida – dijo como quien no quiere la cosa Colbert

- Me gusta ver a mi gente disfrutar de la fiesta que está dando M. Fouquet para mí por eso no he bailado Colbert.

- Entonces con más razón nos gustaría a todos verlo bailar majestad - Colbert le hizo una seña a María Teresa

Los nervios y aquella tranquilidad que había tenido durante varios minutos comenzaban a esfumarse. Phillippe se sentía bastante incomodo

- Entonces, bailare - el joven solo rezaba para que sus zapatos no se trabaran con el vestido de la prometida de su hermano o su prometida realmente no sabía cómo verla en aquel momento. Phillippe se paró del trono pero se quedó totalmente inmóvil al ver que su madre se encontraba del otro lado de la pista para hacer su entrada tal como el protocolo lo decía – pero la realidad es que estaba guardando el primer baile para mi madre

Fouquet, Colbert y María Teresa vieron lo mismo que estaba viendo el joven monarca, sin decir nada más cada uno de ellos tomaron el lugar que les correspondía a los costados del pasillo mientras que el rey bajaba uno de los escalones del podio en el que se encontraba el trono para esperar que su madre avanzara hasta él.

D'artagnan estaba absorto mirando a Phillippe que no había visto hacia la puerta principal de aquella sala hasta que la música dejo de tocar y su corazón dejo de latir.

Ana de Austria lucia radiante en aquel vestido azul con adornos dorados que hacían juego con el traje de su hijo. El pelo recogido por pinzas sostenido por una pequeña corona que dejaba caer alguno que otro rulo por detrás de su cabeza. Hacía muchos años que la reina madre no se mostraba en una fiesta de su hijo menos luciendo un color tan claro como era el azul. Los cortesanos al igual que el mosquetero parecía no respiraban tan solo para poder apreciar mejor la belleza que Ana de Austria aun materia para su edad.

Cuando estuvo a pasos de su hijo este bajo para ayudarla a subir hacia el trono que le pertenecía al lado del rey. Phillippe no pudo contenerse al ver los ojos de su madre llenos de lágrima y se inclinó para poder dejar un beso en su mejilla y luego tomando la mano de ella hizo que se colocara a su lado.

La gente no podía creer lo que vía en aquel momento, Luis XIV ni Luis XII habían sido demasiados afectuosos en público con la reina madre, pero la gran diferencia era para todos los entendidos era que Luis XIV le tenía bastante cariño a su madre aunque no lo demostrara tan abiertamente, después de todo nadie podía negar que Ana de Austria era una madre que daba cualquier cosa por el bienestar de sus hijos. Sino había que remontarse a la época de la fronda para saber aquel cariño de madre.

Los invitados comenzaron aplaudir al rey como a la reina madre diciendo los vivas correspondiente para cada uno, mientras que los sirvientes acercan las copas de champagne para que los invitados brindaran junto al rey en su nombre.

La reina madre toma la copa con la delicadeza que tenía una reina de Francia, Phillippe dudó pero animado por su madre tomó la copa lo mejor que puedo mientras sonría ampliamente.

- Por el rey Luis y la reina madre - dice M. Fouquet

- Por el rey Luis y la reina madre - contesta todo el público que había en la sala.

Phillippe miró a su público alzando su copa en gesto de agradecimiento por aquellos vivas pero cuando quiso llevarse la copa a los labios, el vidrio se le deslizó por los guantes y se estrelló contra el piso. 

Los cortesanos se quedaron mirando al rey muy asombrados ya que Luis no tenía errores frente a nadie menos en público pero antes que la multitud pudiera decir algo Ana de Austria con mucha feminidad dejó caer su copa también.

Phillippe sonrió a su madre respirando aliviado, la gente entendió que aquello era parte del festejo y dejaron caer sus copas al suelo sumándose a la acción de su monarca.

A pesar de que una gran parte del piso estaba lleno de vidrio la música volvió a inundar el salón de baile y los cortesanos volvieron a bailar siguiendo el ritmo de los violines.

Andre luego de aquella escena y escampándose de su dama volvió a colocarse al lado de su jefe.

- Capitán es la primera vez que veo que su majestad deja caer una copa - susurro por lo bajo el joven mosquetero.

- Debe estar cansado.- contesto el mosquetero mirando a su lugarteniente – ha sido un dia largo, sabes que ha ocurrido de todo. 

- Si tiene razón

La vista de D'artagnan fue más allá de todo, vio al Conde de la Fere bailando con Madame de Chevreuse cerca de la salida principal pero aquello no era lo que más había llamado su atención sino que Luisa de la Valliere entraba por la puerta principal luciendo un hermoso traje de color rojo casi bordo, su pelo no estaba del todo bien peinado pero aquello no parecía molestarle. Su caminar era lento y se tambaleaba de un lado al otro.

- Quédate aquí - le ordeno el gascón a Andre antes de dejar su puesto escabullirse entre la gente para poder ir hacia la puerta principal

Pero por más que el mosquetero había leído a la perfección aquella amenaza contra Phillippe no había podido detener a la muchacha por más que la hubiese tomado el brazo, Louisa de La Valliere se había liberado del agarré del hombre llamando la atención de todo el mundo.

- No...- susurró D'artagnan de tal manera que solo aquellos que estaban cerca habían podido escuchar las palabras del mosquetero

- ¿No? - Luisa miró al gascón y saco de su escote un pedazo de papel - estoy segura que tanto usted capitán como su majestad quiere escuchar lo que me han escrito

Phillippe miró a su padre y este hizo un ligero movimiento de hombros. El conde de La Fere se alejó un poco de madame de Chevreuse para poder ver mejor lo que ocurría, todo aquello le estaba dando una mala espina.

- Sea lo que sea puede esperar a mañana, por favor deme la carta madeimoselle - imploró el mosquetero extendiendo su mano hacia la joven pero esta simplemente corrió la mano del hombre y dio un paso más hacia el trono.

- "Querida Luisa: Tengo el agrado de decirle que esta noche asistirá al baile que cambiaría la historia de Francia, pues las personas más cercanas al rey lo han..."

D'artagnan no espero a que La Valliere siguiera leyendo sino que delante de todos y sin ningún tipo de protocolo tomo la carta de entre las manos de la joven.

- Lo han traicionado - dijo el mosquetero cerrando la carta y sonrió al público presente, esa sonrisa socarrona que cualquier gascón tenia.- Si ya me ha llegado esto a mí también –suspiro pesadamente y prosiguió - No sé quién ha tenido la osadía de hacernos creer a todos sobre tal acto, pero es falso yo ya he revisado cada lugar del palacio y se sobre cada uno de nuestros invitado. Todo está bien - la voz de D'artagnan sonaba con tanta seguridad que todo el mundo miraba a la Valliere como si fuera responsable de una broma de mal gusto - No es nada majestad, todo está bien - el mosquetero tomo el brazo de La Valiere pero esta vez con tal fuerza para que no se le fuera a escapar y comenzó alejarse del epicentro de las miradas - Has tomado demasiadas copas esta noche - la reprimió en voz baja haciendo que un par de sus mosqueteros le ayudaran para llevarla a la habitación
Phillippe respiro de nuevo con alivio, primero lo había salvado su madre ahora lo salvaba su padre.

- Tranquilo hijo, todo irá bien, todo te estamos cuidando - Ana de Austria se acercó un poco al oído de Phillippe para susurrarle mientras le tomaba la mano.

Mientras que el baile parecía volver a la normalidad el Conde de la Fere no dejaba de mirar a Madame de Chevreuse. 

Se volvió acercara a ella y tomo con mucha delicadeza su ante brazo para no hacer otro escándalo.

- Espero equivocarme pero la carta que le enviaron a Luisa has sido tú
La mujer se rio e intento zafarse del agarre de su antiguo amante.
- Suéltame

- No tienes descaro, si algo le pasa a Phillippe por tu culpa no te lo perdonare
- No es tu hijo

- No, no lo es pero lo quiero como a uno. Es el hijo de mi mejor amigo y si Raúl viviera estoy seguro que sería su amigo pero...- el conde hizo una pausa - a ti solo te ha importado tus otros hijos nunca Raúl.

- No es verdad y por eso mismo suéltame...- Madame de Chevreuse logró zafar del agarre del conde sin levantar sospechas - ellos pagarán por la muerte de Raúl y les dolerá tanto como me dolió a mí - dijo la mujer alejándose del conde rápidamente perdiéndose entre la gente
El conde apretó su puño con fuerza, el obispo siempre tenía problemas con los planes y ahora si no atrapaba a madame todos ellos iban a caer.