sábado, 24 de enero de 2015

Capitulo XV: Vaux

Tal como lo había ordenado Luis XIV, la corte había partido del Palais Royal a las nueve de la mañana camino al magnifico palacio de Vaux. Fouquet quería agasajar a su rey así que había pensado en dar una gran fiesta de en su honor.

D'artagnan temía por el plan pero parecía que había conexiones que ni el mismo mosquetero sabia, no quería dudar del ministro pero una carta proveniente de Aramis le ponía en aviso que ellos estarían allí . Nada había cambiado, el plan seguía en marcha.

El viaje había sido un poco tediosos para todos pero principalmente para el joven monarca quien ya estaba aburrido y aquello no era nada bueno.


- D'artagnan ¿Falta mucho? - gritó Luis sacando la cabeza por la ventana de su carruaje

- No sire, media hora más - contestó el capitán de los mosqueteros con su habitual tono de voz que denotaba seguridad - pronto podremos ver los bosques que rodean el palacio y podrá ver que M. Fouquet está esperando por nosotros en la entrada.

- Entonces no lo hagamos esperar y lleguemos antes, estoy aburrido – habló Luis dejando escapar un suspiro de fastidio mientras cerraba la cortina del carruaje.

El mosquetero solo movió la cabeza mordiéndose el labio superior. Sabía que el joven monarca era poco paciente pero mover toda una caravana no era cosa fácil, y si esto era parte del plan del obispo de Vannes tan solo le hubiese gustado que le hubiesen puesto de sobre aviso.

- André dile a los mosqueteros del fondo que apuraremos el paso. Su majestad quiere llegar antes. – ordeno el capitán de los mosqueteros.

Apenas el teniente abandono a su capitán, este tomo el liderazgo para ponerse a la cabeza de la caravana haciendo que el cochero también se apurara.

En efecto por mucho que los caballos se hubiesen apurado todo lo que podían, el camino no estaba en muy buen estado, la corte arribo a Vaux media hora después como había dicho el mosquetero.

- Que hermoso - dijo Luisa de la Valliere

Luis al escuchar a su amante y movido por su curiosidad corrió la cortina para ver también aquel paisaje. 

Sus ojos se encontraron con el gran palacio de Vaux. Ni el Palais royal ni el Louvre le parecían tan hermosos como lo que estaba viendo en aquel momento. El puño del monarca se apretó ligeramente y miro a Luisa con una sonrisa.

-Oh si, muy hermoso digno para recibir a un rey.- contesto Luis intentando ocultar la envidia que le daba aquel palacio tan perfecto ante sus ojos.

- Dicen que el dinero que uso ha sido de una herencia, cinco años le tomo a M. Fouquet para construirlo. Para hoy se ha tomado la molestia de invitar a uno de sus protegidos el dramaturgo Moliere y el afamado cocinero Vatel. - hablo Colbert - Es impresionante todo, espero que el dinero no sea de sus arcas majestad siendo el...

- ¿Estas insinuando que Fouquet , mi ministro me está robando? - Luis miro a Colbert con furia, como podía ser que un hombre le robara a él para construir tal obra arquitectónica - ¿Quién podría ser tan tonto para invitar a quien robo a la casa que ha robado? Por favor Colbert, nadie roba a el rey y si llega a ser ha así...

Antes de que el monarca pudiera terminar su frase el carruaje freno de manera brusca. Colbert saco la cabeza para ver cual era el problema del cochero. 

Él pudo observar que el camino estaba en perfecto estado, no se veía otro tipo de problema salvo que uno de los caballos se encontraba enojado, tan enojado como el mismo rey.

-¿Qué ocurre? - gritó Luis abriendo la puerta del carruaje - D'artagnan ¿Qué ocurre?
El mosquetero estaba a una distancia considerable pero el grito ya familiar para él hizo que cabalgara rápido hacia donde lo estaban llamando. Rápido como era el gascón hecho un ojo al problema y tomo uno de los caballos.

- Me tomo el atrevimiento de sugerirle a su majestad que cabalgue hasta el palacio en caballo, me temo que el cochero estará una media hora peleando con vuestro carruaje

Luis no dijo nada sino que con su fina elegancia y su característica cara larga monto el caballo que le había pasado el mosquetero. Sin decir nada se hecho a galopar hacia el palacio pensando que todo aquello que estaba allí era suyo, ya que de otra manera si Colbert no hubiese hecho aquel comentario no se hubiese enterado de donde podía venir el dinero. Fouquet debía darle una explicación pero eso sería después de la pelota de esa noche.

Luego de que la corte hubiese llegado y acomodado en el palacio, se podían escuchar los halagos para el anfitrión. 

Fouquet gozaba sin saberlo de halagos por parte del rey sobre aquel lugar por la envidia que le generaba a Luis aquella maravilla, pero el monarca era inteligente y no iba a mostrar aquel recelo que le daba el lugar, por una vez en su vida siguió el juego de todos los cortesanos para halagar a su superintendente, quizás así lo hacia caer.

D'artagnan por su parte había recibido instrucciones proveniente de los jesuitas. Sus amigos y su hijo estaban cerca de Vaux, solo se iban acercar cuando la pelota comenzara, antes no ya que todo podía ser un riesgo para el plan. Ya bastante tiempo en contra tenían como para que algo saliese mal.
Las damas y caballeros a las cinco de la tarde dejaron el salón circular para ir a los aposentos que a cada uno de ellos le correspondía.

El rey estaba en la habitación principal réplica exacta de la que el mismo Fouquet se había mando hacer para descansar. El joven monarca iba y venía por la habitación, el baile lo tenía un poco exaltado y las palabras de Colbert lo habían puesto un poco colérico.

Las puertas se abrieron mostrando a una Luisa de la Valliere con los ojos rojos ¿Cuantas horas habían pasado desde que habían llegado a Vaux? ¿Cómo podía ser que su amante se mostrase en tal estado?

- ¿Quién te dio permiso para entrar? - Luis la miró, la inspecciono pero mantuvo su distancia, el pelo de la mujer estaba alborotado y su mirada estaba llena de dolor - Espero que así no asistas al baile.

Ella no dijo nada solo dio unos pasos hacia adelante hasta caer sobre sus rodillas mientras apretaba una carta con el escudo del ejercito francés entre las manos.

El joven rey no entendía muy bien de que iba todo aquello pero de algo estaba muy seguro, aquel espectáculo no lo iba a soportar, no en su día, no delante del servicio, él era el rey de Francia. Luis comenzó a caminar hacia la puerta para llamar algún guardia.

- Eres un asesino, un maldito asesino - Luisa gritó con fuerza dejando que su rostro se llenará de lágrimas. - Escribí como tú, escribí al frente usando tu sello para saber porque habían ignorado tú petición de sacar a Raúl del frente...- se hizo una pausa en la que D'artagnan junto a otros mosqueteros ya estaban en la puerta mirando aquella escena - ¿Y sabes que me contestaron? - Luisa se giró para verle la cara a Luis, se dejó caer hacia un costado con una sonrisa triste en sus labios - Él me contesto "pero su majestad usted me ordeno que lo pusiera justo delante del cañón".- la joven con la poca fuerza que tenia se largó a llorar - Eres un asesino, un asesino mataste a Raúl.- le tiro la carta los pies

D'artagnan no espero a que nadie le ordenara nada, el nudo que tenía en la garganta era más que suficiente para moverse hacia donde estaba la joven y rodear sus hombros con uno de sus brazos para ayudarla a pararse. Luisa dejo que el mosquetero la ayudara aunque realmente se quería morir allí. Su vida había acabado en el momento en el que había descubierto la verdad.

Cuando pasaron por al lado del rey ninguno de los dos se atrevió a mirarlo. D'artagnan sentía demasiada vergüenza y rabia como para poder mirar a su hijo y Luisa...Luisa había muerto tras aquella carta.

- No quiero verte más, has usado el sello real para una estupidez - dijo sin ningún tipo de sentimiento Luis, solo el odio hablaba por él.

Las puertas se cerraron detrás del mosquetero. Luisa lloraba en el hombro del gascón pero este simplemente la cargaba sin mostrar ningún tipo de gesto en su rostro. El dolor era demasiado grande como para expresarlo. La gente murmuraba a su alrededor, ellos no sabían la verdad, simplemente pensaban que Luis la había despreciado como hacía con tantas otras de sus amantes. Pero aquello no era verdad, por un segundo el hombre tuvo ganas de gritarles a todos que se callaran pero mantuvo su serenidad.

- ...- tuvo ganas de decirle algo reconfortante a la mujer pero tampoco tenía palabras para ella. ¿Qué podía decir en un caso así?

Sus ojos se levantaron y vieron a Ana de Austria caminando en su dirección, aun no estaba vestida para el baile lo que llamó su atención. 

El mosquetero hizo una leve inclinación con la cabeza antes que sus ojos y los de ella se cruzaran tan solo por un segundo antes de que la reina madre siguiera su camino hacia la habitación de su hijo.

Luis estaba sentado en el borde de su cama con sus ayudas de cámara. Estaba eligiendo el vestuario que usaría aquella noche para el baile cuando se dio cuenta que la reina madre estaba detrás de él a unos cuantos pasos de distancia.

- Oh madre ¿Qué es lo que haces por aquí? – preguntó Luis con bastante asombro.

- Me gustaría que habláramos a solas majestad - pidió Ana de Austria

- A mí me gustaría darte el gusto madre pero ¿A caso no ves que me estoy preparando para el baile? – Luis hizo un gesto mostrando la ropa para la fiesta 

- Lo veo hijo, pero ya hace tiempo, un largo tiempo que no hemos tenido una conversación en privado

El monarca dio un resoplido parecido al que daban los toros cuando estaban enojados e hizo señas con sus manos para que los dejaran solos en la habitación.

- Muy bien ¿Qué es lo que ocurre madre? ¿Es por la loca que acaba de salir de mi habitación?

Ana de Austria negó con la cabeza, no sabía nada sobre aquel tema pero estaba segura que si quería estar informada sobre eso era mejor preguntarle a D'artagnan que a su propio hijo.

- No es sobre eso, aunque veo que dio un espectáculo - la reina dio unos cuantos pasos para acercarse a su hijo y poder mirarlo - es sobre vuestro hermano

- No puedo hacer nada sobre los gustos de Felipe madre – contesto Luis distante mirándose al espejo 

- Luis, hablo de tu otro hermano - Ana de Austria sonó firme. No estaba allí para hablar sobre el duque D' Orleans 

- Lamento decirte madre, que Dios solo me ha dado un hermano, aquel del que me quieres hablar murió, por lo tanto creo que no tenemos nada de qué hablar si ese es el tema que te ha traído aquí señora.- el joven rey había tensado notoriamente su mandíbula. Le incomodaba más Phillippe que Felipe.

- Muy bien hijo mío, pero tengo algunas dudas primero me han dicho que murió cuando nació. Luego vuestro padre me ha dicho que aquello era mentira y que vivía en el campo bien cuidado por una pareja de noble ya ansíanos...- Ana de Austria hizo una pausa - pero hace días atrás la carta que usted envió para mi decía perfectamente que murió siendo un prisionero ¿Qué le hiciste a tu hermano Luis? – la reina madre indago a su hijo mirándolo con firmeza

Luis estaba furioso por lo que esquivo la vista de su madre para alejarse de ella todo lo que podía y colocó su codo sobre un busto con la figura de su padre, de Luis XIII

- Soy el rey de Francia madre y como tal no tengo ganas de discutir con usted menos sobre esto. – El joven miró hacia el suelo y luego a la puerta – Podemos terminar la conversación aquí, tengo un baila madre.

La reina se volvió acercar a su hijo

-El al igual que usted, Phillippe era mi hijo y exijo como madre saber que le ha ocurrido.- Los ojos azules de la española eran firmes y energéticos, Luis se había olvidado de cuando había sido la última vez que la había visto así. Sentía miedo.

- ¿Por qué ahora? Dejaste que pasara tanto tiempo y ahora que ha muerto vienes a preguntar por él. ¿Qué es lo que ocurre? – intento relajarse el rey.

Ana de Austria sonrió con tristeza mirando a su hijo

- He soñado con él, no como si fuera un bebe sino como un hombre, un joven igual a usted.
Luis no puede evitar soltar una risa histérica para mirar el busto de su padre

- Creo madre que ha orado tanto por mi hermano que está perdiendo el juicio

- Amo a todos mis hijos por igual Luis, y he soñado con él porque creo en los sueños, pero este sueño era algo triste para mí ¿Sabes por qué? Yo te lo diré, vuestro hermano llevaba una máscara de hierro – Ana de Austria miró la fisonomía de su hijo mayor, aunque le doliese podía entender que realmente la humanidad de Luis se había perdido con aquel acto contra su hermano.

El joven monarca se quedó viendo a su madre estupefacto mientras se escuchaba como el busto de Luis XIII caía sobre el suelo rompiéndose en mil pedazos.

- No importa sus ridículos sueños ¡él está muerto madre! ¡Muerto! - grito Luis con euforia - él murió porque Dios lo quiso

- Él está muerto, si lo está Luis - dijo la reina madre con tranquilidad mirando a su hijo hirviendo en cólera - pero murió como prisionero y mis sueños no se equivocan el llevaba una máscara. Fuiste capaz de tal cosa contra tu propio hermano.

- Es ridículo madre ¿Cómo puedes estar tan segura que el muchacho era mi hermano si llevaba una máscara? - el rey se sonríe de costado intentando tranquilizarse y hacer que su madre dudara también de su salud mental

- Porque es mi hijo igual que tu Luis y no me equivoco ¿Hiciste que le pusieran una máscara a su hermano? - indago de nuevo la reina

Se hizo un silencio largo, la cólera se ha hecho con el rostro del monarca, Luis tomó distancia bruscamente de su madre haciendo que los tacos de sus zapatos sonaran en la sala.

- Tengo un baile al que asistir madre y tú también

Ana de Austria abrió la puerta para dejar entre a los cámaras y así ayudara a cambiar a su hijo.
La reina comenzó a caminar con tranquilidad.

- Hijo mío, todo en la vida se devuelve seas rey o una reina, todos pagamos nuestros pecados en algún momento.

Luis estaba colérico pero no dijo nada solo comenzó a dar órdenes para que lo vistieran para el baile.
Mientras tanto D'artagnan dejaba en la cama a Luisa de la Valliere e hizo unas señas para que entraran dos damas ayudarla. 

El mosquetero se estaba por retirar en un total silencio cuando algo hizo que se detuviera y se girará sobre sus talones para volver a ver a la muchacha.

- Lo siento - susurro

- ¿Cómo puedes seguir a su servicio? - preguntó la muchacha mientras dejaba que una de las damas la peinara.

- Es mi rey y tengo fe que él cambie - contesto fríamente el mosquetero.

- Mato a Raúl

- Sé que mato a Raúl - el mosquetero puso su mano en la empuñadora de la espada - perdí a mi sobrino por creer en las palabras de Luis, también estoy molesto pero a partir de hoy tengo fe en que todo cambiaria madeimoselle - paso su mano por sus bigotes - Es mejor que te quedes aquí, no por Luis sino por ti, no asistas a la fiesta mejor descansa

La muchacha solo pudo dar un suspiro y el mosquetero no agrego nada más sino que cerró la puerta de la habitación con cuidado. No le gustaba la idea de perder a Phillippe, de perder aquella libertad que como hijo podría tener pero Francia necesitaba un rey y Luis necesitaba aprender que había valores que aprender en la vida. El plan del su amigo el obispo de Vannes tenía que salir bien por el bien de todos.