viernes, 15 de febrero de 2013

Frente a Frente

Durante el trayecto que se hallaba entre la casa habitada por los mosqueteros y el establo no era grande la distancia, se podía ver a simple vista que estaban separadas por unos ocho o diez metros.
Phillippe y D'artagnan caminaban en un rotundo silencio que los abrazaba en la oscura noche, parecía como si ninguno de los dos tuviese algo para decirle al otro  pero la realidad era que ambos hombres tenían mucha curiosidad de saber sobre el otro. El gascón se encontraba ahogado entre tantas palabras y pensamientos que no sabía cómo abordar la situación mientras que Phillippe, no sabía cómo actuar frente al capitán, Porthos le había contado una gran hazaña del mosquetero, aquel hombre cuidaba a su hermano tal como lo haría un padre, era su sombra además pero también parecía que era un gran amigo de los hombres que lo habían librado. Llevaba dos días de su libertad y el nombre de D’artagnan ya lo había escuchado un millón de veces.

¿Era leal al rey o era leal a sus amigos? Aquella era la gran cuestión del joven rey. ¿Qué debía de pensar?

Y la verdad para Phillippe era que tan solo unos instantes atrás el nombre de D'artagnan representaba peligro, ya que para el plan de Aramis el mosquetero era el gran obstáculo para saltar. Pero ahora teniéndolo a su lado, mirándolo en silencio aquel temple tan sereno no le causaba temor sino respeto y no encontraba las palabras para poder romper aquel silencio que se iba tornando cada más incómodo para ambos.


Por su parte aquel hombre de pelo azabache no dudaba en la manera que debía actuar, aquello no le importaba sino era en cómo debía hablar para con Phillippe, en aquellos veinte dos años nunca estado tan cerca de Luis como lo estaba ahora con Phillippe y eso le daba cierto temor al mosqueteros.
 Las palabras nunca habían sido un problema para D’artagnan, él siempre había tenido las palabras en la punta de la lengua, palabras tan agudas que habían sido dignas de una discusión con el viejo cardenal Richelieu, pero ahora cada vez que en su cabeza aparecían aquellas palabras para comenzar hablar todo quedaba atascado en su garganta.

El gascón sentía miedo, miedo de hablar y aquello no era normal. Athos tenía razón, no tenía demasiado tiempo como para perderlo debía actuar y hablar pero aquel hombre de temple de acero sentía miedo de decir la verdad. D'artagnan había pasado toda su vida queriendo decirle la verdad a Luis, él había anhelado poder compartir un momento paterno con su hijo pero sabía que aquello tan solo era uno de esos sueños inalcanzable de la vida, no podía ser real pero ahora con Phillippe podía decirle la verdad antes que todo aquel plan se llevara a cabo, el mosquetero debía enfrentar el miedo que le daba ser rechazado por su propio hijo. No podía perder la oportunidad, lejos de Paris podía ser un padre como había deseado todos esos años.

D'artagnan se miraba las puntas de las botas mientras su cabeza seguía en un monologo interno de esos en los que habían más de una persona.

- ¿Le digo o no le digo? - escapo de los labios del mosquetero como si fuera un extracto del Hamlet de Shakespeare

Phillippe miro al mosquetero bastante curioso, no sabía si debía o no preguntarle a su acompañante pero aquel hombre se veía algo perturbador y eso le hizo pensar que quizás necesitaba ayuda.

- ¿Decirme que caballero? - se animó a preguntar el joven muchacho.

D'artagnan miro a su joven acompañante y negó rápidamente con la cabeza. Se había visto en una ridícula situación por pensar en voz alta. Su hijo lo había descubierto y aquella falla para el hombre era imperdonable

- Disculpe maj... Phillippe yo solo estaba pensando y me temo que mi boca ha sido más rápida que mis propios pensamientos. A veces me ocurre, no delante de su majestad por supuesto pero debo confesar que a veces me sucede que no se si las cosas las digo en voz alta o simplemente las estoy pensando  - el mosquetero se tocó la cien con el dedo índice y le dedico una sonrisa a su hijo.
Aquel gesto juguetón del mosquetero no paso inadvertido para el muchacho y se rio relajando su cuerpo. Él no sabía muy bien porque pero al lado de aquel hombre se sentía tan  tranquilo como si estuviera al lado de Athos, el hombre tenía un porte muy paternal y se sentía seguro al lado de él.

- ¿Sabe una cosa su majestad? – D’artagnan se detuvo con una sonrisa - Perdón Phillippe yo debí haber sido el bufón de la corte en vez de haber sido el capitán de los mosqueteros del rey

El muchacho intrigado por aquella confección si se quería ver así, alzo ambas cejas y miro al mosquetero muy curioso

- ¿Por qué dice eso Monsieur D'artagnan?

- Porque aun creo que no he hecho nada gracioso para que usted se ría. Es algo que se extraña en París. Ver cómo la gente se ríe libremente

- Eso quiere decir ¿Que la corte es muy aburrida? - Phillippe miró al hombre a los ojos y vio que aquello que le decía era cierto. El muchacho se puso a pensar que luego de haber estado seis años encerrado en una prisión ir a la corte para remplazar a su hermano era como ir nuevamente a otra prisión pero esta vez sin cadenas ni ataduras. ¿La corte sería tan cruel como la prisión?

- Por favor Phillippe – D’artagnan habló intentando excusarse rápidamente - no quiero que mis palabras te den una mala impresión de los cortesanos, la realidad es que hay de todo allí. Puedes divertirte también y ser tú si quisieras, solamente... a lo que me refiero es que el ambiente de allá no es precisamente como este. No eres tan libre, allá son todos fríos, me refiero a que los sentimientos se dejan de lado y la mayoría de ellos son superficiales. Podrías divertirte pero no es un lugar en el que puedas ser tú con total naturalidad ¿Entiendes? - D'artagnan respiro si Aramis se enteraba que le estaba llenando la cabeza al muchacho seguramente lo apartaría de su lado por un tiempo así que el mosquetero se adelantó a las palabras del joven antes que este pudiese hablarle - Pero los bailes ... bueno no, los juegos de cartas son más entretenidos que los bailes y las caserías. Aunque a tu hermano le gusta mucho bailar y cazar

- Creo que usted Monsieur se aburre mucho cuidando a mi hermano pero disfruta del juego de cartas en la corte.

D'artagnan se echó a reír, su trabajo no daba para diversión realmente y si comenzaba a sacar cuentas hacía ya demasiados años que no se divertía como cuando era joven, no de la misma forma en la que se divertía unido aquellos magníficos tres hermanos que la vida le había dado.

- No es que aburra caballero, sino es que prefiero los juegos de mesa, las cartas o los dados me facilitan poder vigilar a la gente que se encuentra sentada rodeando a vuestro hermano. Por eso es que prefiero los juegos de perdición como seguramente Aramis los llamaría - el mosquetero arrugo un poco las cejas ya que seriamente no creía que Aramis tuviese algo en contra de los juegos menos tomando en cuenta su pasado, se podría decir todo lo contrario así que agrego - aunque entre nosotros a él le gustan tanto como a mí.

Phillippe se cruzó de brazos pensando un poco sobre cómo sería la corte. Él sabía que pronto le tocaría estar en aquel lugar jugando aquellos juegos de cartas o montado de casería. Iba a tener que hacer lo mismo que su hermano.

- Me imagino que debe ser una tarea muy difícil, me refiero custodiar a mi hermano o a mi madre durante todo el día y la noche, velando para que no les ocurra nada malo señor. – El joven príncipe miró al suelo, por lo único que quería ir a la corte era para poder ver a su madre – Agradezco que cuide de ellos.

El mosquetero no pudo evitar dar señales de asombro al recibir las gracias del joven, a Luis nunca le había escuchado dar las gracias. Solamente lo había hecho cuando era un pequeño niño pero ya de eso había pasado muchos años, parecía como si hubiese ocurrido en otra vida.

- Es mi deber el de cuidar a tu familia, no tiene por qué darme las gracias majestad – se apresuró a decir el hombre de pelo azabache - La verdad es que sí, es un trabajo realmente cansador y difícil, pero también es verdad que cualquiera que trabaje en la corte tiene un empleo bastante complicado.  - el mosquetero hizo una pequeña pausa - Pero no cambiaría mi vida ni mi trabajo por ningún otro oficio de allí porque la verdad es que prefiero ser la sombra del rey por cuestiones de seguridad y no de ropa, aquello se me da muy mal  - D'artagnan clavo su vista azul sobre la vista del joven que al igual que él tenía los ojos claros. El gascón se rio. Realmente no entendía de ropa. Su risa había contagiado a su acompañante - Ahora que tú seas el rey de Francia yo seré tu sombra y tendrás tres magníficos asesores. Quizás Porthos pueda ayudarte con la ropa o Aramis. O cualquiera hasta Athos por ser conde se le da bien cualquier cosa.

El joven dejo de caminar para mirarlo muy seriamente.

- Eso quiere decir que realmente nos ayudara ¿Monsieur?

- Si, Aramis me ha contado el plan y yo te ayudaré en todo lo que pueda - afirmo el mosquetero
Phillippe simplemente sonrió ante aquella afirmación ahora tendría un tutor más para aprender cómo ser un buen rey.

El joven luego de haberle dedicado una sonrisa al mosquetero de pelo azabache miró hacia el montículo de madera que se hallaba junto a la puerta del establo. Ya habían encontrado la leña para Athos.

- Creo que tenemos suficiente leña para llevarle al señor Conde.- el príncipe habló casi con alegría. Ser útil para aquellos hombres que lo habían liberado era lo menos que podía hacer en gratitud

D'artagnan se mordió el labio superior y se acercó a Phillippe con su rostro bastante serio. Aquella era su oportunidad de hablar si no lo hacía ahora podía correr el riesgo de que se enterara por alguno de sus amigos y realmente no quería que otro fuera el mensajero de tan importante noticia.

- Phillippe tranquilo, deja las leñas en el suelo que estoy seguro que Porthos aún no volvió a la casa y tú tienes que aprender a ser un buen rey. – El mosquetero se mordió el labio superior -  Un rey no hace las cosas por sí mismo sino que manda a otros hacer su trabajo. Sé que quieres ayudar pero Aramis me va a matar si te astillas un dedo

El joven dejó las maderas que había alcanzado a tomar y al ver la cara tan seria del mosquetero pensó que algo malo había dicho o echo. Su corazón levemente se había acelerado al sentir el temor de que aquel hombre lo regañara.

- No me mires así, no has hecho nada. Todo lo contrario – D’artagnan estiró su mano hacia unas maderas - Es mejor que tomes asiento por favor, lo que le tengo que decir es algo muy importante y solo tomare unos minutos. Volveremos pronto, te lo prometo.

Phillippe hizo lo que D'artagnan le había pedido, se acomodó en uno de los troncos que había visto como posible leña y se sentó mirando al hombre atentamente mirándolo con seriedad.

- ¿Es sobre cómo ser un buen rey? ¿Es sobre mi hermano?

- No, no es sobre cómo ser un buen rey, de eso se encargara el señor obispo y créeme que estoy muy seguro que te aprenderás cada palabra que te diga con total de no escucharlo. El señor Conde también os ayudara con aquello y él Phillippe, es un gran maestro en cambio yo seré quien te enseñare otras cosas - D'artagnan se detuvo pensando cuales debían ser las primeras palabras sobre la verdad. Se volvió a morder el labio inferior. - La verdad es que no sé cómo empezar

- El padre que iba a mi celda decía que uno siempre debía comenzar por el principio caballero - dijo Phillippe en tono bastante inocente. El mosquetero lo miro de reojo con una pequeña sonrisa

- Sabio consejo el que te ha dado el Padre - el hombre hizo una pequeña pausa antes de llenar sus pulmones de aire y comenzar a decir la verdad - Como sabrás por derecho divino eres el rey de Francia al igual que tu hermano. Ambos son hijos de tu padre el difunto rey Luis XIII y la reina Ana de Austria - D'artagnan alzo levemente su ceja para ver si el muchacho le seguía las palabras y esté atento a su interlocutor asintió con la cabeza – Bien – el hombre hizo una pausa larga y se sentó al lado del muchacho – sigues teniendo sangre real pero no eres hijo del difunto rey.
La cara del joven muchacho se modificó un poco al escuchar las palabras de aquel hombre de ojos verde azulados. Si él no tenía sangre real y pura en sus venas ¿Por qué el señor obispo lo quería en el poder? ¿Por qué?

- Eso quiere decir que mi hermano no debería ser el rey de Francia. Esto en la corte no lo saben no ¿Verdad?

D'artagnan se quedó callado durante unos minutos tirándose con los dientes el vello del bigote. No estaba tan seguro cuantas personas eran las que realmente sabían sobre aquel secreto, estaba Ana de Austria y él, siempre había tenido la sospecha que el viejo cardenal Richelieu, zorro como era había llegado a la conclusión que el delfín no era un borbón puro de sangre, pero había dejado pasar aquella falta tan grande por Francia. El cardenal sabía que si no había un heredero era un daño grave a la nación sumado a los rumores sobre las preferencias del rey, Francia estaba en peligro de una guerra civil ó de una invasión. Fuera como fuera Richelieu había dejado que aquello pasara.  Así que sacando cuentas eran ellos tres ó cuatro si se contaba a la monja devota de Ana de Austria

- Lo que os voy a revelar Phillippe es un secreto de estado, el primer secreto de Estado que deberás cargar sobre tus hombres del cuál tu hermano Luis no tiene conocimiento - D'artagnan puso una de sus manos sobre el hombro del muchacho y lo miró directamente a los ojos - Vuestro padre no es más que un plebeyo, un simple mortal como cualquier otro que este por aquí - el mosquetero se detuvo para volver a tomar aire y se quedó callado durante unos segundos - lo que yo realmente quiero decir es que yo amaba a tu madre y aún la amo. Yo soy vuestro padre y si hubiese sabido de vuestra existencia antes, hubiese dado mi vida para mejorar la tuya sin que tuvieses que pasar aquel martirio de la máscara. - el hombre se arrodillo frente a su hijo y tomando sus manos volvió alzar su cabeza para mirarlo a los ojos  - Francia necesita de un buen rey, con esta verdad no quiero que te eches hacia atrás. Tu corazón es puro como el que debería tener un rey para poder gobernar y yo junto a esos tres hombres que están en aquella casa te ayudaremos a que seas un gran rey y salves a Francia de la oscuridad.

Para el muchacho habían sido demasiadas palabras juntas, palabras muy importante con una gran noticia. Phillippe sintiéndose como un niño pequeño sin pensarlo se abalanzo a los brazos de su ahora padre para poder hundirse en aquellos brazos con los que había soñado durante años.

El mosquetero por su parte se había se quedado inmóvil, no sabía qué hacer, su cuerpo estaba duro sin reacción pero con cada segundo que pasaba su corazón se aceleraba. Al cabo de un tiempo sus brazos cedieron a la emoción para abrazar al muchacho con todo aquel amor que tenía guardado y aquel duro corazón volvía a soñar con la posibilidad de ser padre.

-Lamento interrumpir tan exquisito cuadro pero se han demorado bastante con la leña - la voz de Athos se hizo sonar con aquel tono jovial y pausado que el hombre poseía.

El conde los miró desde su posición alejado de aquella escena. Se alegraba de poder ver a su amigo en una nueva faceta, verlo abrazado a Phillippe le recordó años anteriores cuando el gascón abrazaba Raúl con tanto cariño.

El señor de las tierras de la Fere dio un pequeño suspiro nadie podría remplazar aquel vació que le había causado la muerte de su único hijo.

- Espero que tengas hambre D'artagnan

- Yo siempre tengo hambre querido amigo

- Eso es verdad el gran D'artagnan siempre tiene hambre, es como preguntarle a Porthos si quiere vino. Hay cosas que no cambiaran nunca - el conde se echó a reír y levanto un par de leñas del suelo. Luego con su mano libre palmeo el hombro de Phillippe - Felicidades muchacho tienes a un buen hombre como padre

-Oh por favor Athos no tienes por qué alabarme solo hago lo que debo hacer

El conde miro al mosquetero con una sonrisa torcida y agarro del brazo a Phillippe haciendo que el muchacho se acercara a él más a él y se alejara del mosquetero

- Tienes toda la razón D'artagnan deberé de cuidar a nuestro rey de las malas influencias que pueden ser tú o el señor Du Vallon, porque si yo no lo hago ya puedo escuchar los reproches del señor obispo.

-No sea tan duro conmigo querido Conde - D'artagnan se acercó a su amigo caminando en el lado opuesto al que se encontraba Phillippe - tan mal ejemplo creo no ser

- Usted lo dijo capitán tan mal ejemplo no es pero conociéndolo desde los diecisiete años de edad, yo no pondría las manos en el fuego por usted aunque tampoco lo haría  por el más santo de nosotros cuatro. Yo os conozco mejor que la palma de mi mano amigo mío y tienes unas cuantas manchas.

El conde y el mosquetero se miraron a los ojos con una sonrisa. A pesar del dolor de Athos por Raúl y de D'artagnan por no haber hecho más por el hijo de su amigo se dieron una palmeada en brazo. Las grandes amistades a pesar de cualquier tipo de tormentas podían saltar cualquier tipo de obstáculo.